Mourinho contruye a "Mou"

José Mourinho se ha pasado la vida construyendo a 'Mou', el personaje que le ha conducido al éxito, su gran obsesión


Las contadas veces que accede a una entrevista personal, José Mourinho nunca se olvida de advertir que a él solo le conocen de verdad sus familiares y amigos. «Fuera del fútbol soy un hombre totalmente distinto», suele decir. Su insistencia en esta aclaración resulta de lo más reveladora. En el fondo, el técnico de Setúbal es consciente de que para triunfar en su trabajo se ha construido un personaje tan excesivo que necesita ponerlo a distancia de su persona. Sabe que nadie en su sano juicio soportaría a 'Mou' como esposo, padre, hermano, tío, primo, cuñado o amigo, es decir, en un ámbito de amor o de amistad donde la arrogancia, lejos de ser bendecida como una cualidad propia de los líderes, es la mejor manera de hacer el ridículo. Sería patético, por ejemplo, que el entrenador del Real Madrid celebrase los goles que le mete a su hijo cuando echan un partidillo en el jardín de casa saliendo a correr con los brazos abiertos por toda la urbanización. O que se acercase a su mujer en la cocina y le hiciera la señal de la cruz, amenazándola con el divorcio o el degüello, si se le queman los 'bolinhos' de bacalao.



El personaje de 'Mou' solo se sostiene en un mundo de ficciones muy básicas, de buenos y malos, blancos y negros, como es el del fútbol. Dentro de él, su efectividad no admite dudas. Basta con constatar la dimensión mundial que ha alcanzado la figura del entrenador luso y el impacto de proporciones desconocidas que su llegada ha provocado en el fútbol español. Nunca un técnico había logrado un tipo de estrellato semejante, capaz de eclipsar al de cualquier futbolista. Sólo Helenio Herrera, el anterior entrenador en ganar con el Inter de Milan la Copa de Europa, se le aproxima. Las similitudes entre ambos saltan a la vista. 'El Mago' también fue un mediocre futbolista que acabó convertido en un entrenador de éxito, sabio, soberbio, lenguaraz, políglota, maniático y narcisista que ganaba más que cualquiera de sus jugadores y era un experto acaparando portadas, absorbiendo la presión y despertando amores y odios. La diferencia es que Mourinho, además de todo eso, es un tipo guapo y atractivo, nada que ver con HH, lo que sin duda le añade un plus de efectividad en estos tiempos catódicos. De hecho, el 48% de las italianas -que ya son italianas- le desea como amante, según reveló el año pasado la revista 'Diva e donna'.
Lo ocurrido hace un par de semanas en el aeropuerto de Malpensa cuando llegó la expedición del Real Madrid apenas tiene precedentes. Apareció José Mourinho y la tremolina fue de campeonato. Sólo faltó que los 'carabinieri' disparasen unas salvas de ordenanza. Unos segundos después, hizo su aparición Cristiano Ronaldo, que no pudo evitar un mohín de desconcierto ante el hecho, tan inusual para él, de que no le hiciera caso ni el apuntador. El crack era el míster. Con esta anécdota sería suficiente para convenir que el entrenador portugués, uno de esos hombres que cada mañana reciben la maravillosa noticia de encontrar su imagen reflejada en el espejo, se quedó corto cuando, en 2004, en su primera rueda de prensa como técnico del Chelsea, pronunció su frase más famosa, la que le valió el apelativo de 'The Special One' : «Por favor, no me llamen arrogante, pero soy campeón de Europa y pienso que soy un tipo especial». Mourinho es más que especial. Es único. En realidad, está obligado a serlo. Para que su personaje funcione necesita ser el número 1, el macho alfa de la manada, lo que le lleva inevitablemente a chocar de bruces -hay que luchar por el territorio-, con todos los colegas que han tenido redaños para aguantarle los pulsos en el campo o delante de los micrófonos. El último, Manolo Preciado.
Vía: El Correo