¿Qué le pasa al Barça?

No es cuestión de resultado. No es ganar, empatar o perder lo que define a este Barça. Es su incapacidad para gobernar los partidos, para creer en su idea, para mantener su estilo, para no perderse en carreras y más carreras hacia ninguna parte. El equipo de Luis Enrique volvió a caer derrotado en Liga. Segunda derrota consecutiva que hace temblar los cimientos del conjunto azulgrana. El Celta no solo vivió colgado de su travesaño -que también-, sino que desnudó a los locales (0-1) para lograr un histórico triunfo en el Camp Nou, donde nunca había ganado.

Ni los cuatro tiros al travesaño sirven de excusa para el Barça. Porque podría haber ganado el duelo y la sensación sería similar. No hay claridad de ideas ni confianza en el plan de juego. Cualquier circunstancia desmonta a los azulgrana. Sus interiores han perdido jerarquía para beneficiar a unos delanteros que, por ahora, parecen desconectados del juego colectivo.
Construir el nuevo Barça le está costando a Luis Enrique más de lo previsto. Confiar en la mejor delantera del mundo es bueno. Pensar que con eso basta, es altamente peligroso. Ni Rafinha ni Rakitic gobernaron el encuentro. El equipo fue siempre muy largo y Busquets es incapaz de parar tantos golpes en la transición defensiva.
El Celta incluso se permitió el lujo de dominar al conjunto azulgrana durante varios minutos, sobre todo en el primer tiempo, antes del gol celtiña. Cuando Nolito aprovechó la pasividad de la defensa local para dejar retratados a Alves y Busquets y dar una tremenda asistencia de tacón que Larrivey no perdonó el Barça ya había mandado dos balones al palo.
Primero fue Neymar con una rosca desde la frontal. Después el lateral Jhonny desviando una jugada de Messi. Con el juego individual le vale al Barça para crear peligro a la mayoría de equipos. Pero acostumbra a ser el juego colectivo lo que decanta la balanza ante los grandes de Europa.
El Celta tuvo la pausa que ahora mismo le falta a los azulgrana. Cada ataque del equipo de Luis Enrique es una carrera contra el tiempo, contra su pasado. Huye del juego pausado, del avance en grupo. Prefiere exprimir la velocidad de Messi, Neymar y Luis Suárez mientras se olvida de mantener el bloque unido para no sufrir tanto en defensa.
A este Barça si le juegas sin miedo le haces daño porque es fácil atacarle con peligro. Se vio en el Bernabeu y se repitió este sábado en el Camp Nou. Algo falla. Está partido y no consigue ni sacar provecho a su tremendo poder ofensivo mientras sigue fiando todo a la inspiración de Leo Messi.
Porque Neymar aún no está para asumir un rol que no sea el de escudero y Luis Suárez sigue en plena adaptación. El uruguayo jugó los 90 minutos y se movió entre la banda derecha y el centro de ataque, donde se mantuvo cuando Luis Enrique indicó la entrada de Xavi al campo y ordenó aplicar el 3-4-3.
Fue una apuesta desesperada que tampoco funcionó. Se fueron Busquets y Rafinha del campo y quedaron Alves, Mathieu y Alba atrás apoyando al mediocentro Mascherano mientras Pedro sumaba más efectivos en ataque. Demostró entonces el Barça que ya no confía en su apuesta de antaño, en la que daba preponderancia a un centro del campo que ahora queda cada día más despoblado.
Entregado a las acciones individuales, el conjunto azulgrana cerca estuvo de encajar un nuevo gol cuando Charles bailó a Mathieu dentro del área. Neymar ya había mandado otra balón al travesaño en un mal remate a menos de dos metros de la línea de gol y Messi estaba a punto de enviar una falta también al palo. El paradón de Sergio, portero del Celta, ante un peligro disparo de Luis Suárez fue lo último que ofreció el partido.
El Barça ha dejado escapar seis puntos en dos partidos y también ha perdido el liderato de la Liga. A Luis Enrique y sus futbolistas les toca remar contra la adversidad en un momento en que se debe mantener la tranquilidad y es importante tener las ideas muy claras.
Vía: La Vanguardia